Seguramente has visto a sumilleres verter vino de su botella a una jarra de vidrio—este proceso se llama decantación. Lejos de ser una mera actuación teatral, sirve dos propósitos científicos.
Los dos propósitos principales de la decantación
1. Separar sedimentos
Los vinos tintos añejos forman sedimentos naturales (taninos y pigmentos condensados) con el tiempo. Aunque inofensivos, los sedimentos saben amargos y granulosos. Verter lentamente el vino en un decantador deja estos sedimentos en la botella.
2. Airear (dejar que el vino “respire”)
Introducir oxígeno en vinos jóvenes y cerrados abre sus aromas bloqueados y suaviza los taninos agresivos y duros. Esta apertura química hace que el vino sepa más redondo y complejo en minutos.
¿Qué vinos necesitan decantación?
- Altamente recomendado: Tintos jóvenes y audaces con taninos altos (ej. Burdeos, Syrah) y vinos tintos de añada con muchos sedimentos.
- Evitar/saltar: La mayoría de los blancos de consumo diario, tintos ligeros (como Pinot Noir delicado, cuyos aromas pueden disiparse demasiado rápido) y vinos económicos informales.

